viernes, 8 de abril de 2016

LA ESTUPIDEZ SE ESCONDE TRAS LOS PREJUICIOS DE QUIEN NO DESEA APRENDER

   
Impulso a la Coeducación Junta de Andalucía
Al leer a Javier Caraballo en El Confidencial me siento sorprendida por sus críticas al Gobierno andaluz, ya que éste sólo propicia el uso de la comunicación inclusiva a través de un Plan de Igualdad de la Educación o la modificación del Himno, que pertenece al pueblo.


No veo ninguna estupidez en usar un sustantivo colectivo en el himno de Andalucía, que es popular.  Todo lo contrario,  cualquier iniciativa de mejora  lingüística debe tener amplitud de miras. El problema no está en las normas de la Lengua, porque éstas también se basan en el uso o desuso de las palabras, el problema está en el androcentrismo del lenguaje.
 El androcentrismo es una visión del mundo que sitúa a los hombres siempre en el centro de todo. Por ello el lenguaje es sumamente masculino cuando hablamos  "en general". La visión androcéntrica y su degeneración lingüística, llevan instauradas en nuestra sociedad  siglos y  no se pueden erradicar si no es con pequeñas acciones del día a día, y otras de más enjundia, como la implantación del plan de igualdad en educación para Andalucía, que es justo y necesario, tanto como lo es la lucha contra el fracaso escolar.
El lenguaje se aprende de la familia y en la escuela, no es un hecho biológico. No todos hablamos el mismo idioma, ni le damos el mismo valor a las palabras en todos los lugares. La lengua es algo cultural y además hablamos tal como pensamos, de ahí que no concuerde en casi nada con el artículo. Ya que si el lenguaje tiene muchos defectos en la estructura y el contenido es porque está impregnado de androcentrismo y esto es lo que estamos intentando corregir. No siempre vamos a cumplir las normas si éstas no se ajustan a la realidad social.
 La obsolescencia de nuestra querida RAE
 Por otro lado, creo yo que si el Gobierno Andaluz ha consultado a la RAE, sólo denotó profesionalidad y lo único que ha hecho es contar con las altas instancias de nuestra Lengua.  Si el Gobierno erró en otras cuestiones, como todos los gobiernos, puede ser verdad, pero no hay que echar tierra a su iniciativa de realizar un plan de igualdad en Educación preponderando sólo los errores cometidos sin alabanza ninguna a esta iniciativa.
Si la RAE considera una medida artificial (o política), incluir a los hombres y las  mujeres, puede que haya que hacer una profunda reflexión sobre su reforma, ya que su obsolescencia es evidente y está compuesta por mayoría de hombres. En dicho sentido ruego se consulten todas las palabras relativas a la mujer en el diccionario de la RAE porque aún nos siguen incluyendo en su diccionario como sexo débil mientras que al grupo de los hombres se les denomina sexo fuerte. Y así sucesivamente... Entonces ¿dejamos las normas como están para que se perpetúe su aprendizaje?

Sexo débil y sexo fuerte según RAE (2016)

El lenguaje configura el trato diferente que se da a las mujeres y a los hombres. No es lo mismo decir mujer de la calle o mujer pública que hombre de la calle u hombre público. La connotación del adjetivo es distinta al cambiar el sustantivo. El contenido que socialmente  hemos atribuido a los adjetivos, requiere de una apuesta por el cambio en la comunicación igualitaria. En este sentido creo que el Gobierno Andaluz ha realizado un esfuerzo que no es solamente político sino educativo y por supuesto, requiere de menos críticas y más apoyo. 

Las palabras importan porque no es lo mismo hablar de la estupidez de los hombres que de la estupidez de la humanidad.

Pregunta en su artículo el Sr. Caraballo “¿Por qué no pensar que la igualdad real que se persigue radica, precisamente, en el uso del genérico en vez de la constante diferenciación y oposición de sexos?”   Y el mismo se contesta “el lenguaje sexista, que existe, de la misma forma que existe un sustrato machista en la sociedad española, no está en la estructura de una frase, sino en el contenido de una frase. No es cómo se dice; es lo que se dice.”
Javier Caraballo. Periodista.
Pues bien, Sr. Caraballo, en mi opinión estoy de acuerdo en que el sustrato machista está ahí... latente en nuestros esquemas mentales. Pero discrepo con usted cuando pretende que no existe el machismo en las estructuras de una frase. El lenguaje sexista se manifiesta en el contenido y también en la forma, que incluye lo que no se menciona porque supone una invisibilización: Si algo no se nombra no existe. Si no se dice conductoras, constructoras, ingenieras de caminos, no se visibiliza su existencia en el Mercado de Trabajo. Si no se dice amo de casa, se seguirá invisibilizando y ridiculizando que hay hombres que lo ejercen, y esto se debe al machismo. En conclusión la forma también importa para el contenido y una cosa lleva a la otra.

Por otro lado, si el Confidencial publica en otro artículo que los hombres son más estúpidos que las mujeres, esto  es sexismo de contenido y es además sexismo social,  el problema no es la estructura sino lo que se transmite como valor: una desigualdad basada en las diferencias de género (aunque se apoye en teorías darwinistas o evolucionistas). De la misma forma ocurre cuando decimos que las mujeres conducen peor que los hombres, porque también es sexismo social (machista por su contenido y con menos rigor científico que el anterior ejemplo).
 Y luego está el sexismo en las formas, al que usted no alude. Por ejemplo cuando decimos: “las diputadas debatieron en el Congreso”, esto es una comunicación incorrecta si no tenemos en cuenta a los hombres que también debatían ¿o es que sólo hablaban mujeres?. Sin embargo, el lenguaje es tan excluyente que cuando decimos: “los diputados debatieron en el Congreso”  a muchas personas les sonará colectivo y correcto. ¿Es innecesario cambiar las normas?. Yo creo que sí.
 Como puede apreciarse en el ejemplo el androcentrismo domina nuestro sistema lingüístico y el mensaje llega al receptor de manera diferente según cambiemos la palabra diputadas o diputados.  Esta es la razón de que nombrar a ambos sea lo correcto y aunque suponga un esfuerzo de tinta o saliva, hay que corregirlo porque llevamos años hablando mal y emitiendo mensajes que llevan a confusión. ¿Por qué le parece inaudible decir diputadas y diputados,  hombres y mujeres?.  Por el androcentrismo que hemos aprendido con el lenguaje, lo nuevo siempre es extraño.

Dice Caraballo que “la corrección de género se ha instalado en un absurdo impracticable, un ejercicio de patetismo que provoca risas y convierte el lenguaje político en una jerga insufrible e inaudible”.
 A mí me parece que no hay nada más lejano a la realidad, ya que las palabras importan, difunden mensajes incorrectos o correctos según se dicen y nos afectan, nos duelen, nos incluyen o nos excluyen. Por ello a mí me preocupa el lenguaje y no me produce risa el Plan de igualdad en la Educación, ni los intentos de cualquier personaje público, sea del partido que sea, para conseguir que se nombre la palabra empresaria, concejala, presidenta, diputada, bombera, etc. Para conseguir que los libros visibilicen a las científicas, matemáticas, periodistas, filósofas, etc. Para conseguir que se nos vea y se nos oiga por igual gracias al lenguaje.

Aunque parezca baladí, el lenguaje configura el pensamiento, por la forma de nombrar las cosas las excluimos.

La comunicación incluyente es aquella que intenta añadir valor a las mujeres para visibilizarlas, para darles el mismo valor que a los hombres. Pretende nombrar la realidad al completo, porque nosotras formamos parte de ella.
 Y si este impulso es un cambio importante de cultura impulsado por Andalucía, bienvenido sea al margen de quien gobierne. Que parece que todo lo que se hace en el sur hay que machacarlo, aunque se puede hablar catalán, gallego, euskera hasta para solicitar un puesto de trabajo, pero ahora resulta que en Andalucía no podemos aprender a dar ejemplo al alumnado con la igualdad de género mediante la lengua.

La Junta de Andalucía lleva mucho tiempo trabajando por la coeducación y visibilización de la mujer en la Historia.
  
Por lo tanto, considero inadecuadas las críticas al plan de igualdad de la Educación y sobre todo a las medidas que intentan conseguir un lenguaje incluyente. Además un plan no es una medida escrita sin más, se basa en una evaluación, y las acciones programadas son fruto de un análisis sobre al realidad.

En el sentido anterior, el plan de igualdad de educación de Andalucía incluye actuaciones correctas y que no se pueden criticar, pues lo que dice es que los equipos directivos deben establecer directrices y actuaciones para asegurar la utilización de un lenguaje no sexista en el centro (documentación del centro, recursos y materiales didácticos, cartelería del centro, páginas web, comunicación con las familias, etc.). ¿Qué tiene eso de malo, patético o de artificial?.

Las lenguas evolucionan como todo y hay que adaptarse a lo nuevo
Un cambio de tecnología requiere acostumbrarse, incluso aunque no nos guste, como posiblemente le haya ocurrido a algunas personas con el móvil, el ordenador, etc. Así que el cambio de las normas del lenguaje no sexista no es una pesadez, ni una utopía, es cuestión de costumbre.
Unas veces estaremos más acertados, y otras menos, ya que no existe una fórmula mágica, es cuestión de tiempo y de acudir nuestro vasto diccionario de sinónimos y sustantivos colectivos hasta que lo digamos de forma espontánea. No es dificultoso referirse a hombres y mujeres, porque son dos colectivos, aunque nos cueste una palabra más.

En conclusión no estoy de acuerdo con Caraballo

Al señor Caraballo  le hace falta deconstruir varios  prejuicios, el primero contra la Junta de Andalucía, el segundo sobre el lenguaje inclusivo. Por último le invitamos a leer más sobre la construcción del género.


La única estupidez humana consiste precisamente en los prejuicios ciegos y que provienen de una visión androcéntrica del universo,  que de acuerdo con Cipolla, parece guiada en este caso por un periodismo que no apoya a la Coeducación.

Fuentes: 

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